domingo, 22 de enero de 2012

Veintedeabrildeldosmilonce.

Se cruzó en mi camino y lo conocí por casualidad… y no me arrepiento. 
No tiene los ojos azules ni verdes, que dicen que son los más bonitos. Los tiene negros, pero nunca vi unos ojos como esos. 
Su pelo es más suave que la seda, y tiene la sonrisa más bonita que he visto. Por eso cuando sonríe el tiempo se para. Cuando me besa parece que esté flotando en el aire, y cuando me mira, pocas veces consigo sostener la mirada. Cuando se enfada no lo soporto, y cuando se ríe soy la persona más felíz del mundo. Si llora lloro, si está mal yo también, si se cae me caigo, y si le duele algo, me duele. 
Cuando apoya la cabeza en mi hombro y se duerme se me cierran los ojos, y cuando se despierta los abro. 
Tiene la cara más bonita del mundo, lo supe cuando la vi. 
Y no importa si hace calor o frío… si está nevando o llueve. Da igual que caiga un diluvio o que haya tormenta ahí fuera. Porque me da igual estar en la calle o en casa, no me importa estar en el portal o debajo de un árbol, siempre que esté él. 
Y es de esas cosas que tienes que no cambiarías por nada, ni por todo el dinero del mundo. Porque un palacio a su lado no tiene valor. Es de esas pocas personas que te marcan y que ya no se olvidan pase lo que pase. Es un amigo para siempre. Y por supuesto… es lo mejor que me ha podido pasar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario